
La respuesta corta: el depósito guarda más litros de los que gastas
La caldera calienta el agua en el momento en que abres el grifo. La aerotermia trabaja al revés: calienta un depósito con antelación y lo va reponiendo. Ese depósito —el acumulador— es la pieza que decide si el agua caliente se acaba a mitad de ducha, y es también donde se decide buena parte del consumo eléctrico del agua caliente sanitaria, que es la del grifo y la de la ducha.
Aquí está el punto que más veces se calcula mal: el depósito no lleva los litros que gastas al día, lleva bastantes más. La cifra oficial de consumo está referida a 60 °C y una aerotermia guarda el agua más fría que eso, así que para entregar la misma cantidad de calor hacen falta más litros. Quien traslada la cifra de la norma directamente al catálogo se queda corto.
Lo que sigue es de dónde sale cada número, con la fuente delante, y qué hay que pedir para comprobar que el depósito de tu presupuesto está calculado y no elegido.
Cuánta agua caliente cuenta la norma para tu casa
El punto de partida no se inventa: lo fija el Código Técnico de la Edificación. Su Documento Básico HE, en el anejo F, establece para vivienda unas necesidades de 28 litros al día por persona, referidas a 60 °C.
Y como el número de personas de una casa cambia con los años, la norma no pregunta cuántos sois: lo deduce de los dormitorios, con un mínimo de cálculo.
| Número de dormitorios | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 |
|---|---|---|---|---|---|---|
| Personas de cálculo | 1,5 | 3 | 4 | 5 | 6 | 6 |
De ahí sale la demanda de referencia de la vivienda. Una casa de tres dormitorios cuenta como cuatro personas, o sea 112 litros al día a 60 °C.
Conviene saber qué es y qué no es esa cifra. Es un valor de cálculo común para que todos los proyectos partan de lo mismo, no una medición de tu casa. Si en tu vivienda hay dos bañeras que se llenan a diario, o una ducha de gran caudal, el instalador tiene que subir de ahí; el propio IDAE recomienda conocer «el volumen de agua real consumido y el perfil de extracción horario real» antes de decidir la acumulación.
Esos litros son a 60 °C, y el depósito trabaja más frío
Aquí es donde se rompe la cuenta rápida. Los 112 litros son litros a 60 °C. Una bomba de calor rinde mejor cuanto menos temperatura tiene que dar, así que lo habitual es acumular en torno a 45–55 °C. Y a menor temperatura, más litros hacen falta para el mismo calor.
El propio anejo F trae la conversión. Para pasar la demanda de la temperatura de referencia a la temperatura real del depósito:
Di(T) = Di(60 ºC) · (60 − Ti) / (T − Ti)
donde T es la temperatura del acumulador y Ti la del agua fría de la red ese mes, que el anejo G tabula ciudad por ciudad. Para Madrid va de 8 °C en enero a 20 °C en julio.
Rehecha esa cuenta para la casa del ejemplo —tres dormitorios, cuatro personas, acumulación a 45 °C— así queda el año en Madrid:
| Mes | Agua de red | Demanda a 45 °C |
|---|---|---|
| Enero, febrero y diciembre | 8 °C | 157 l/día |
| Marzo y noviembre | 10 °C | 160 l/día |
| Abril | 12 °C | 163 l/día |
| Mayo | 14 °C | 166 l/día |
| Junio y septiembre | 17 °C | 172 l/día |
| Julio | 20 °C | 179 l/día |
Los 112 litros de la norma se han convertido en entre 157 y 179 litros al día, y el mes que manda es julio, no enero. Con el agua de red más templada, el salto hasta 45 °C es más corto y hay que mover más volumen para entregar el mismo calor.
Ese resultado coincide con la regla que publica el IDAE en su guía sobre la bomba de calor: un ratio de acumulación doméstica de entre 40 y 50 litros por persona y día de demanda a 45 °C, que la guía obtiene aplicando tres correcciones a los 28 litros del CTE. La segunda y la tercera explican de dónde sale el margen: se busca acumular la demanda diaria en una sola carga, fuera de las horas críticas de calefacción o refrigeración, y se descuenta que no todo el depósito está a la temperatura de consigna, porque en la parte baja siempre hay agua fría entrando.
Con esa demanda, la guía elige del catálogo el volumen inmediatamente superior. Para el caso de cuatro personas que ella misma desarrolla, el depósito sale de 190 litros.
Del depósito a la ducha: los litros que salen del grifo son otros
Hay una segunda conversión, y esta juega a favor. Nadie se ducha a 45 °C ni a 55 °C: se ducha a unos 40 °C, mezclando el agua del depósito con agua fría. Así que un depósito entrega más litros de ducha que su propia capacidad.
El IDAE da la ecuación del volumen equivalente:
V1 = V2 · (T2 − T1) / (40 − T1)
con V2 el volumen físico del depósito, T2 la temperatura de acumulación y T1 la del agua de red. Aplicada al depósito de 190 litros del ejemplo, en Madrid y en enero:
| Temperatura del depósito | Litros útiles a 40 °C |
|---|---|
| 45 °C | 220 |
| 50 °C | 249 |
| 55 °C | 279 |
Los mismos 190 litros físicos pasan de 220 a 279 litros de agua de ducha solo con subir la consigna diez grados. Es una palanca real, y tiene su precio en rendimiento —a más temperatura, peor trabaja la bomba de calor—, así que la elección de consigna es un equilibrio, no un ajuste que convenga tocar a ciegas.
Ese mismo concepto está regulado. El Reglamento (UE) 814/2013 obliga a los calentadores de agua con acumulador a garantizar una cantidad mínima de agua mixta a 40 °C según el perfil de carga que declaren:
| Perfil de carga declarado | M | L | XL | XXL |
|---|---|---|---|---|
| Agua mixta a 40 °C | 65 l | 130 l | 210 l | 300 l |
El perfil de carga es una secuencia normalizada de extracciones a lo largo de un día, la misma para todos los fabricantes, y sirve para comparar equipos. Traducido a consumo diario por el IDAE, el perfil M equivale a unos 112 litros al día, el L a unos 223 y el XL a unos 365.
Cuidado con mezclar las dos escalas, porque es el error que deja un depósito pequeño: los 112 litros del CTE son a 60 °C y los del perfil M son a 55 °C con agua de red a 10 °C. Se parecen en la cifra y no miden lo mismo.
El dato comparable de la ficha depende de qué estás comprando
Una confusión que sale mucho al comparar presupuestos: no todos los equipos declaran los mismos números, porque no todos entran en el mismo reglamento europeo.
| Qué compras | Qué es para la norma | Qué declara |
|---|---|---|
| Aerotermia que da calefacción y agua caliente | Calefactor combinado (Reglamentos 813/2013 y 811/2013) | Perfil de carga y clase de eficiencia energética de caldeo de agua, junto a la de calefacción |
| Aerotermo, solo para agua caliente | Calentador de agua con bomba de calor (Reglamentos 814/2013 y 812/2013) | Perfil de carga, eficiencia de caldeo de agua y agua mixta a 40 °C |
| Depósito suelto conectado a la máquina | Depósito de agua caliente (mismos reglamentos) | Capacidad y pérdida constante, con su clase energética propia |
La consecuencia práctica es que el depósito tiene etiqueta energética propia y hay que pedirla. Si el presupuesto lleva un acumulador aparte, ese acumulador se clasifica solo por lo que pierde estando quieto, y no todos pierden igual.
Qué temperatura pide la norma en una vivienda
Es habitual leer que el agua caliente hay que guardarla a 60 °C por la legionela. Conviene precisar a quién obliga eso, porque de la temperatura depende el consumo.
La norma que fija esos 60 °C es el Real Decreto 487/2022, y su artículo 3.2 dice literalmente:
Quedan excluidas del ámbito de aplicación de este real decreto las instalaciones ubicadas en edificios dedicados al uso exclusivo de vivienda, siempre y cuando no afecten al ambiente exterior de estos edificios.
Es decir: en una vivienda, la instalación de agua caliente queda fuera, con la salvedad de que la autoridad sanitaria puede exigir medidas si sospecha un riesgo. Donde sí aplica —y ahí no hay margen— exige agua almacenada a una temperatura homogénea y mínima de 60 °C en el acumulador final, por encima de 50 °C en todos los puntos terminales y en la tubería de retorno, y que la instalación permita alcanzar 70 °C si hay que hacer un tratamiento térmico.
Fuera de ese ámbito manda el RITE, que en su IT 1.1.4.3.1 remite a la legislación higiénico-sanitaria y, para lo que esta no regula, pide preparar el agua caliente «a la temperatura compatible con su uso», contando las pérdidas de las tuberías.
Dos consecuencias que conviene tener claras antes de decidir la consigna:
- En una vivienda unifamiliar la temperatura es una decisión técnica, no una obligación. Se elige mirando confort, rendimiento y longitud de las tuberías, no copiando un valor de un reglamento que no aplica ahí.
- En una instalación centralizada de un edificio la conversación es otra. Si esa instalación entra en el ámbito del real decreto, los 60 °C dejan de ser opcionales, y eso condiciona la máquina: el IDAE advierte que para acumular a 60 °C hacen falta bombas de calor capaces de dar 65 °C o más en el circuito que carga el depósito, o bien un sistema auxiliar que complete el salto.
Dónde se va el consumo del agua caliente
Con el depósito bien calculado, el agua caliente de una aerotermia se paga en la factura de la luz por tres conceptos, y los tres se pueden mirar en el presupuesto.
Uno. La resistencia eléctrica. Casi todos los equipos llevan una resistencia de apoyo, y es el elemento que más rápido dispara el consumo, porque calienta sin el multiplicador de la bomba de calor. La referencia del IDAE es clara:
Si el volumen de acumulación, aislamiento, temperatura, programación horaria del uso, programación horaria de la recirculación, etc. son correctas, no es necesario el uso de resistencia eléctrica como sistema auxiliar para el ACS, puesto que la bomba de calor debe ser capaz de acumular toda la demanda diaria en una sola carga.
Traducido: en una vivienda, que la resistencia entre a diario para el agua caliente es una señal de que algo está mal dimensionado o mal programado, no un funcionamiento normal. La guía sí recomienda dejarla instalada y deshabilitada, como rueda de repuesto por si la máquina falla.
Dos. Lo que el depósito pierde estando quieto. Un depósito lleno se enfría solo, y esa pérdida se paga todo el año. El Reglamento 814/2013 le pone techo: desde el 26 de septiembre de 2017, la pérdida constante S de un depósito de capacidad V litros no puede superar 16,66 + 8,33 · V^0,4 vatios. Y el Reglamento delegado 812/2013 convierte esa misma cuenta en clases energéticas, así que el tope legal es justo la frontera entre la clase C y la D.
Para el depósito de 190 litros del ejemplo, la horquilla entre clases es esta:
| Clase del depósito | Pérdida constante | Al cabo de un año |
|---|---|---|
| A+ | menos de 31 W | unos 274 kWh |
| A | menos de 43 W | unos 378 kWh |
| B | menos de 60 W | unos 529 kWh |
| C | menos de 85 W | unos 741 kWh |
Entre un depósito de clase A+ y uno de clase C, con la misma capacidad, hay del orden de 460 kWh al año de diferencia, y esa diferencia no depende de cómo te duches. Es la razón para mirar la clase del acumulador y no solo sus litros.
Tres. Cuándo se carga. Como el depósito guarda la demanda del día, la hora a la que se calienta se puede elegir. El IDAE lo cita entre las decisiones de diseño: programar los intervalos de carga «cuando la energía eléctrica es más económica o cuando no existen otras demandas». En verano eso tiene además un efecto directo, porque mientras la máquina hace agua caliente no está refrescando la casa; por eso la guía pide dimensionar el volumen para que la carga no interrumpa la refrigeración.
Cambiar la caldera activa una exigencia de renovable en el agua caliente
Hay un detalle normativo que casi nadie cuenta y que afecta justo a quien sustituye su caldera. La sección HE 4 del Documento Básico HE se aplica a edificios existentes con una demanda de agua caliente superior a 100 litros al día en los que se reforme íntegramente la instalación de generación térmica, y la propia norma aclara que cambiar el generador sin tocar los circuitos de distribución cuenta como reforma íntegra.
Con la tabla de arriba, ese umbral se cruza a partir de tres dormitorios: dos dormitorios son 84 litros al día y tres son 112. O sea que en buena parte de las viviendas, cambiar la caldera obliga a cubrir con energía renovable una parte de la demanda de agua caliente. La propia norma admite un criterio de flexibilidad cuando en un edificio existente no sea posible alcanzar ese nivel, pero eso hay que justificarlo, no darlo por hecho.
La buena noticia es que la aerotermia es justo lo que cumple esa exigencia, y la norma pone la condición exacta que hay que comprobar en la ficha:
Las bombas de calor destinadas a la producción de ACS […] deberán disponer de un valor de rendimiento medio estacional (SCOPdhw) igual o superior a 2,5 cuando sean accionadas eléctricamente […]. El valor de SCOPdhw se determinará para la temperatura de preparación del ACS, que no será inferior a 45 ºC.
El 2,5 no es un número redondo elegido al azar. La aportación renovable de una bomba de calor se calcula como 1 − 1/SCOP, y ahí la norma pide cubrir el 70 % de la demanda anual, porcentaje que puede reducirse al 60 % cuando la demanda queda por debajo de 5.000 litros al día, que es el caso de cualquier vivienda. Un SCOPdhw de 2,5 da exactamente ese 60 %; uno de 3,5 da el 71,4 %. Son porcentajes de aportación renovable sobre la demanda, no cifras de ahorro en la factura, y conviene no confundirlos porque se parecen mucho.
Lo que hay que retener es corto: pedir el SCOPdhw declarado a la temperatura de preparación real de tu instalación. Un rendimiento medido a 45 °C no es el mismo que el que tendrá el equipo si acaba trabajando a 55 °C.
Qué pedir antes de firmar
Con esto, la conversación sobre el agua caliente se puede tener con datos. Pide que el presupuesto o la memoria recojan:
- La demanda de partida y de dónde sale: personas de cálculo, litros al día a 60 °C y si se ha corregido por vuestro uso real (bañeras, duchas de gran caudal, ocupación distinta de la de la tabla).
- La temperatura de acumulación prevista y la demanda convertida a esa temperatura, mes a mes, con el agua de red de Madrid.
- El volumen del depósito y su justificación, no solo el modelo. Si la cifra elegida es menor que la demanda del mes peor, hay que preguntar por qué.
- Los litros útiles a 40 °C con esa consigna, que es lo que de verdad se nota en la ducha.
- La clase energética y la pérdida constante del depósito, en vatios. Es un dato declarado y comparable entre modelos.
- El SCOPdhw del equipo a la temperatura de preparación prevista, y el perfil de carga con el que se ha declarado.
- La programación de carga: a qué horas se calienta el depósito y qué pasa en verano mientras se está refrescando la casa.
- Qué papel juega la resistencia de apoyo: si está prevista para funcionar a diario o queda deshabilitada como respaldo.
Si el punto 3 no está justificado, el resto son datos de catálogo. El volumen del depósito depende del uso real de la casa, del sitio donde va a caber y de la temperatura a la que se decida trabajar, y esas tres cosas se miran juntas: en la guía sobre cuánto espacio necesita una instalación de aerotermia está el hueco que hay que reservarle, y en la de qué temperatura de agua necesita la aerotermia con radiadores está el otro lado del equilibrio, el de la calefacción. Todo ello forma parte del cálculo de la instalación de aerotermia que proponemos para cada vivienda; si quieres que hagamos esta cuenta con los datos de tu casa, cuéntanos tu caso.
Fuentes consultadas
- Documento Básico HE Ahorro de energía — Código Técnico de la Edificación, sección HE 4 y anejos F y G, consultado el 8 de septiembre de 2026.
- La bomba de calor en la rehabilitación energética de edificios — Guías IDAE, 2023, consultado el 8 de septiembre de 2026.
- Real Decreto 487/2022, requisitos sanitarios para la prevención y el control de la legionelosis — BOE, consultado el 8 de septiembre de 2026.
- Reglamento (UE) 814/2013 de diseño ecológico de calentadores de agua y depósitos de agua caliente — BOE, consultado el 8 de septiembre de 2026.
- Reglamento delegado (UE) 812/2013 de etiquetado energético de calentadores de agua y depósitos de agua caliente — BOE, consultado el 8 de septiembre de 2026.
- Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE), RD 1027/2007 — BOE, IT 1.1.4.3.1, consultado el 8 de septiembre de 2026.
