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Aerotermia de alta temperatura: cuándo tiene sentido

Qué es de verdad una aerotermia de alta temperatura, hasta dónde llega hoy, qué cuesta en consumo y en qué casos compensa frente a tocar los radiadores.

Por Erick José Piñerua Jiménez, que edita los contenidos de esta web desde PotencIA Soluciones

15 min de lectura · Actualizado el 17 de septiembre de 2026

Módulo interior de una bomba de calor de alta temperatura instalado junto a las tuberías de un circuito de radiadores en el cuarto de instalaciones de una vivienda

La respuesta corta: cuando los radiadores no se pueden tocar

Una aerotermia de alta temperatura tiene sentido en un caso concreto: cuando el cálculo dice que tus radiadores actuales no llegan y, por el motivo que sea, no se pueden ampliar ni sustituir. Entonces se sube la temperatura del agua para compensar, y se asume lo que eso cuesta en la factura de la luz.

Lo que no es, y así se vende a menudo, es un atajo para saltarse el estudio de la vivienda. Elegir una máquina que llega más arriba no evita el cálculo: lo cambia de sitio. Y hay dos cosas que conviene saber antes de pagar por ella, porque las dos aparecen después: en la normativa española «alta temperatura» no es una categoría de equipo, y los emisores no se dimensionan a esa temperatura ni aunque la máquina la alcance.

Este artículo va de eso: qué significa la etiqueta, hasta dónde llegan hoy estos equipos, qué se paga por ello y en qué tres situaciones compensa de verdad. Si lo que buscas es saber qué temperatura necesita tu casa y cómo bajarla, eso está en temperatura del agua en aerotermia con radiadores; aquí damos por hecho que ese número ya salió alto.

«Alta temperatura» no es una categoría oficial: pide el número

Esta es la primera sorpresa, y explica por qué dos presupuestos que dicen lo mismo no ofrecen lo mismo.

La normativa europea de diseño ecológico, el Reglamento (UE) 813/2013, sí define con precisión dos aplicaciones. La de baja temperatura es aquella en la que el equipo «suministra su capacidad de calefacción declarada a una temperatura de 35 °C en la salida de un intercambiador de calor de interior». La de temperatura media es la misma frase con 55 °C. Y define también qué es una «bomba de calor de baja temperatura»: la que no puede dar agua a 52 °C con −7 °C fuera.

Lo que no existe en ese reglamento es una aplicación de alta temperatura. No hay umbral, no hay ensayo asociado y no hay una cifra a partir de la cual un fabricante pueda o no usar la palabra. Es una denominación comercial, y cada marca la coloca donde quiere: hay equipos rotulados así que se quedan en 65 °C y otros que pasan de 75 °C.

De ahí sale la única pregunta útil de todo este asunto, y son dos datos, no uno:

¿Qué temperatura máxima de impulsión da este equipo y con qué temperatura exterior la mantiene?

El segundo dato es el que separa una ficha de un folleto. Una máquina que llega a 70 °C en un día suave y necesita apoyo eléctrico en enero no está resolviendo el problema por el que la has comprado, porque el problema aparece justamente los días fríos. Cómo leer el resto de las cifras de la ficha está en SCOP, COP y potencia en aerotermia.

Cómo consigue una bomba de calor llegar tan arriba

Hay dos maneras de hacerlo y no dan el mismo resultado, así que conviene saber cuál te están proponiendo.

La primera es la cascada: dos circuitos de refrigerante encadenados. Daikin lo explica en el catálogo de su gama de alta temperatura: el diseño se basa «en compresores de cascada», con uno en la máquina de fuera y otro en el módulo interior, de forma que la unidad exterior transfiere el calor con un refrigerante y la interior vuelve a elevarlo con otro. Con ese montaje su documentación declara agua «a temperaturas de hasta 80 °C sin necesidad de un calentador eléctrico adicional», manteniendo plena capacidad hasta −7 °C de temperatura exterior. La idea de fondo es sencilla: se encadenan dos saltos porque uno solo no llega a esa presión y a esa temperatura.

La segunda es un solo circuito con un refrigerante que da más de sí. Es por donde va el mercado. Daikin declara en su Altherma 3 H HT agua a 70 °C con R-32 y funcionamiento hasta −28 °C; Panasonic declara en su generación L de Aquarea, con refrigerante R290 —propano—, «salida de agua de hasta 75 °C y hasta −10 °C en exteriores».

Son datos de fabricante en condiciones de ensayo, no una previsión para tu casa, y por eso se piden por escrito y referidos al modelo concreto. Pero la tendencia sí es legible: la cascada de dos refrigerantes está dejando paso al circuito único, y la razón no es solo técnica. Está en el apartado del refrigerante, más abajo.

Lo que se paga: el rendimiento que verás declarado no es el tuyo

Aquí está la contrapartida, y es doble.

La primera parte la conoce todo el mundo aunque no la vea: cuanto más caliente sale el agua, menos rinde la bomba de calor. No es una cuestión de calidad del equipo, es cómo funciona: se paga más trabajo eléctrico por cada salto térmico adicional. Los datos del IDAE que lo cuantifican —el rendimiento cae en torno a un tercio solo con pasar de 35 a 55 °C— están recogidos en temperatura del agua en aerotermia con radiadores, y por encima de 55 °C la curva sigue bajando.

La segunda parte es la que casi nadie menciona y se deduce del reglamento de arriba: como no existe la aplicación de alta temperatura, tampoco existe un rendimiento declarado a 70 u 80 °C. Las cifras oficiales de la etiqueta y de la ficha de producto están medidas a 35 °C o a 55 °C, que son las dos aplicaciones que el reglamento define. Así que el SCOP que verás en el papel describe un régimen de trabajo distinto del que va a tener tu instalación.

Eso no significa que la etiqueta engañe: significa que hay que leerla sabiendo qué mide. Y significa que la pregunta al fabricante o al instalador es concreta: el rendimiento estimado en las condiciones que se van a proyectar, no el de la etiqueta. Cómo se interpreta cada casilla está en qué mirar en la etiqueta energética de una bomba de calor.

El detalle que cambia la conversación: los emisores se dimensionan por debajo de 60 °C

Este punto no lo publica nadie y es el que más decisiones debería cambiar.

El RITE —el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios— incorporó en 2021 una instrucción específica sobre emisores, la IT 1.2.4.2.9, añadida por el Real Decreto 178/2021. Dice literalmente:

Los emisores térmicos se dimensionarán para temperaturas de entrada en calefacción inferiores a 60 ºC y de entrada en refrigeración superiores a 7 ºC.

Lo que eso significa en la práctica: el cálculo de los emisores no se hace a la temperatura que alcanza la máquina, se hace por debajo de 60 °C. Si en tu instalación se van a ampliar radiadores, sustituir algunos o proyectar el circuito de nuevo, esa es la temperatura de referencia del dimensionado, tengas la máquina que tengas.

De ahí salen dos consecuencias que conviene tener claras antes de firmar:

  • Comprar alta temperatura no sustituye al estudio de los emisores. Sigue habiendo que calcular estancia por estancia lo que entrega cada radiador. La máquina amplía el margen de maniobra cuando el cálculo no cuadra; no releva de hacerlo.
  • Una propuesta que justifique conservar todos los radiadores «porque el equipo llega a 70 °C» está construyendo el argumento al revés. La temperatura alta es la salida cuando no hay otra, no el criterio de diseño.

Dicho esto, hay una lectura honesta del otro lado: la instrucción habla del dimensionado, es decir, del cálculo con el que se proyecta. Una instalación existente cuyos radiadores no se tocan no se está dimensionando de nuevo. Por eso la alta temperatura sigue siendo una solución legítima en una sustitución; lo que no es, es una excusa para no calcular.

El refrigerante decide más de lo que parece

Este apartado no habla de rendimiento, habla de la continuidad de lo que compras, y en 2026 pesa.

El Reglamento (UE) 2024/573 sobre gases fluorados fija en su anexo IV un calendario de «prohibiciones de introducción en el mercado». Una de sus entradas, el punto 9, letra b), afecta de lleno a la aerotermia doméstica de dos piezas:

sistemas partidos aire-agua con una capacidad nominal de hasta 12 kW que contienen gases fluorados de efecto invernadero, o cuyo funcionamiento depende de ellos, con un PCG igual o superior a 150

La fecha de esa prohibición es el 1 de enero de 2027, con una salvedad tasada: los casos en que ese refrigerante sea necesario para cumplir los requisitos de seguridad en la zona de operación. El umbral es exigente. El propio anexo I del reglamento asigna al HFC-32 un potencial de calentamiento de 675 y al HFC-134a de 1 430, o sea muy por encima de 150; el R-410A es una mezcla de hidrofluorocarburos que también queda lejos. El propano, R290, ni siquiera es un gas fluorado y Panasonic declara para él un potencial de 0,02.

Tres avisos para no sacar de aquí la conclusión equivocada:

  1. Esto no obliga a nadie a cambiar una máquina instalada. El anexo se titula exactamente «prohibiciones de introducción en el mercado»: regula qué puede venderse, no qué puede seguir funcionando en una casa.
  2. La fecha citada es la de los sistemas partidos aire-agua de hasta 12 kW. Los equipos monobloc y los de más potencia van por otras entradas del mismo anexo, con otros plazos.
  3. La lectura útil para ti es de continuidad, no de legalidad. Si estás eligiendo hoy un equipo de alta temperatura que vas a tener veinte años, pregunta con qué refrigerante trabaja y si esa gama tiene recorrido. Es la misma pregunta que explica por qué las cascadas de dos refrigerantes están dando paso al circuito único de propano.

El argumento del agua caliente, y el matiz que casi nunca se cuenta

El segundo motivo que se esgrime para subir la temperatura es el agua caliente: «hay que llegar a 60 °C por la legionela». Conviene mirarlo despacio, porque en una vivienda el argumento es más flojo de lo que parece.

El Real Decreto 487/2022, que fija los requisitos sanitarios para prevenir la legionelosis, dice en su artículo 3.2 que «quedan excluidas del ámbito de aplicación de este real decreto las instalaciones ubicadas en edificios dedicados al uso exclusivo de vivienda», sin perjuicio de que la autoridad sanitaria pueda exigir medidas si aprecia riesgo para la salud pública. Las temperaturas que ese real decreto fija en su anexo III —60 °C en los acumuladores finales, 50 °C en los puntos terminales— son por tanto exigibles a las instalaciones que sí entran en su ámbito, no a la calefacción de un chalet o de un piso de uso residencial.

La consecuencia práctica: el agua caliente sanitaria, por sí sola, rara vez justifica comprar un equipo de alta temperatura. El depósito se resuelve con el propio equipo trabajando a la temperatura que le corresponde y con el apoyo eléctrico que ya lleva incorporado para los ciclos puntuales. Es una decisión de calefacción, no de agua caliente. Cómo se plantea el agua caliente con aerotermia está en aerotermia y agua caliente sanitaria.

Donde el asunto cambia es en un edificio que no sea de uso exclusivo de vivienda o en una instalación centralizada con un uso distinto: ahí el ámbito del real decreto sí puede alcanzar a la instalación, y eso es una comprobación previa, no un supuesto.

Los tres casos en los que sí compensa

Con todo lo anterior encima de la mesa, quedan tres situaciones en las que la alta temperatura es la respuesta correcta y no un parche:

  1. El edificio no permite tocar los emisores. Un inmueble protegido, una vivienda en la que el circuito está empotrado de una forma que obliga a levantar suelos, o una comunidad en la que la intervención en el interior no está sobre la mesa. Cuando la obra que haría falta para bajar la temperatura es desproporcionada, subir la temperatura es lo razonable.
  2. Los radiadores están muy justos en varias estancias a la vez. Ampliar dos o tres emisores suele salir a cuenta; cuando el cálculo dice que no llegan casi todos, la cuenta se da la vuelta. El criterio no es cuántos radiadores hay, es cuántos no cubren su habitación en un día frío de diseño.
  3. Se sustituye por fases y la instalación tiene que seguir funcionando. Cambiar el generador ahora y los emisores más adelante es una estrategia válida, y durante ese tiempo la casa necesita la temperatura de antes. Aquí la alta temperatura compra tiempo, con la idea explícita de bajar la curva cuando lleguen las siguientes fases.

En los tres, la decisión se toma con el cálculo delante, no antes. Y en los tres es una elección informada: se acepta un consumo mayor a cambio de no hacer una obra. Dicho así, con los dos platos de la balanza a la vista, es una decisión perfectamente defendible.

Cuándo no compensa

Y los casos contrarios, que son más frecuentes:

  • Cuando nadie ha calculado nada. Si la propuesta llega con «alta temperatura» pero sin la potencia por estancia ni la temperatura de impulsión de proyecto, no estás comprando una solución: estás comprando margen para no haber medido.
  • Cuando bastaba con ampliar dos radiadores. Es el caso más común. Ampliar los emisores de las habitaciones que no llegan permite bajar la curva de toda la casa, y eso se nota en cada factura durante los próximos veinte años.
  • Cuando la casa va a mejorar su envolvente. Si hay ventanas o aislamiento en el horizonte, la demanda va a bajar y con ella la temperatura necesaria. Dimensionar hoy para el peor escenario de siempre es congelar un consumo que iba a caer solo.
  • Cuando lo que se busca es refrescar en verano. La alta temperatura no aporta nada ahí. Con radiadores no se refresca —el agua fría condensa—, y eso se resuelve con fancoils o con suelo radiante, no con una máquina que llega más arriba.

Qué pedir por escrito antes de decidir

Seis líneas. Si la propuesta las contesta, la decisión se toma sola:

Lo que pidesPor qué decide
Marca y referencia del modelo concretosin ella no se puede comprobar ningún dato
Temperatura máxima de impulsión y con qué temperatura exteriores la pregunta del segundo apartado, y son dos datos
Temperatura de impulsión de proyecto de tu instalaciónla que vas a usar de verdad, que casi nunca es la máxima
Rendimiento estimado en esas condicionesel de la etiqueta está medido a 35 o a 55 °C
Qué radiadores se conservan y cuáles no lleganes el cálculo que la alta temperatura no sustituye
Refrigerante del equipopor la continuidad de la gama, no por la instalación

Si a esa lista le falta la tercera línea, el resto no se puede valorar: sin temperatura de proyecto no hay forma de saber si el equipo de alta temperatura hace falta o solo está cubriendo un cálculo que no se ha hecho. Para comparar dos propuestas completas, el método está en cómo comparar dos presupuestos de aerotermia.

Nosotros partimos siempre del cálculo de emisores estancia por estancia, y la temperatura de impulsión sale de ahí: unas veces permite conservar los radiadores tal cual, otras aconseja ampliar dos, y en algunos casos la respuesta es efectivamente un equipo de alta temperatura. Puedes ver cómo planteamos el trabajo en instalación de aerotermia en Madrid o pedirnos que estudiemos tus emisores antes de elegir máquina. Y si aún estás en la fase de saber si tus radiadores llegan, empieza por aerotermia con los radiadores que ya tienes.

Fuentes consultadas

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