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Aerotermia en una vivienda antigua de Madrid: qué comprobar

Seis comprobaciones antes de poner aerotermia en una vivienda antigua de Madrid: la frontera de 1980, los radiadores, el circuito, el amianto y el cuadro.

Por Erick José Piñerua Jiménez, que edita los contenidos de esta web desde PotencIA Soluciones

17 min de lectura · Actualizado el 20 de septiembre de 2026

Salón vacío de un piso antiguo de Madrid con un radiador de hierro fundido apoyado en la pared, suelo de tarima de madera, moldura de escayola en el techo y un balcón de dos hojas con las contraventanas de madera abiertas sobre la fachada de enfrente

La respuesta corta: en una casa antigua lo que se comprueba está casi todo fuera del equipo

Poner aerotermia en una vivienda antigua de Madrid se puede. Lo que cambia respecto a una casa nueva no es la máquina, que es exactamente la misma: es todo lo que ya estaba ahí cuando llegó el instalador. Los muros, los radiadores, las tuberías, el cuadro eléctrico y, si vives en el centro, hasta la fachada, que puede no ser una decisión tuya.

Por eso la visita en una casa de cincuenta o setenta años dura más y pregunta otras cosas. Estas son las seis comprobaciones que de verdad cambian el proyecto:

  1. El año del edificio, porque hay una frontera legal que marca lo que hay dentro de los muros.
  2. Los emisores que ya tienes —los radiadores—, que en una casa antigua pueden ser la mejor noticia del estudio.
  3. El circuito de tuberías, que lleva décadas funcionando y no se estrena con la bomba de calor.
  4. Lo que hay en la sala de calderas si el edificio es anterior a 2002.
  5. La instalación eléctrica, que tiene la edad de la casa y no la de tu último electrodoméstico.
  6. Si el edificio está catalogado, porque entonces la fachada la decide el Ayuntamiento.

Van una por una, con lo que hay que mirar y lo que tiene que quedar escrito.

1. Enero de 1980: la frontera que decide lo que hay dentro de tus muros

Es el dato que más ordena la conversación y casi nadie lo menciona.

Hasta 1979 en España no existía una norma que obligara a aislar térmicamente un edificio. La primera fue la NBE-CT-79, aprobada por el Real Decreto 2429/1979, de 6 de julio, sobre condiciones térmicas en los edificios. Su artículo 2 dice que la norma «será de obligatoria observancia en todos los proyectos de edificaciones públicas o privadas», y su disposición final segunda que «entrará en vigor a los tres meses de su publicación». Se publicó en el BOE el 22 de octubre de 1979, así que la fecha real es el 22 de enero de 1980.

Hay un matiz que conviene conocer, porque estira la frontera unos años: la disposición transitoria dejó fuera a los edificios ya empezados. Dice literalmente que la norma no se aplica «a los edificios en construcción o con las licencias de construcción concedidas a la entrada en vigor de la misma». Un bloque terminado en 1982 pudo proyectarse sin ninguna exigencia de aislamiento.

Qué significa esto en la práctica, y qué no:

  • No significa que tu casa no tenga aislamiento. Muchas viviendas de esa época se construyeron con cámara de aire y algunas se han rehabilitado después. Significa que no se puede dar por supuesto ni en un sentido ni en el otro.
  • Sí significa que la demanda de calor de tu casa no se deduce de sus metros cuadrados. Dos pisos idénticos en la misma calle, uno con las ventanas originales y otro con carpintería y vidrio nuevos, piden potencias distintas.
  • Y significa que el dato tiene que entrar en el cálculo. Lo que el estudio debe reunir y cómo se traduce en una potencia está en cómo se dimensiona una bomba de calor para una vivienda.

Lleva a la visita cuatro datos del edificio: año de construcción, si la fachada o la cubierta se han rehabilitado, cuándo se cambiaron las ventanas y qué hay encima y debajo de tu vivienda —un bajo sobre un portal abierto o un ático bajo cubierta no se comportan como un tercero entre vecinos—.

2. Los radiadores que ya tienes pueden ser la mejor noticia del estudio

Aquí aparece la duda que frena a casi todo el mundo: si mi casa es antigua y mis radiadores son de los de siempre, esto no me va a calentar. Conviene darle la vuelta, porque la lógica juega a favor más veces de las que parece.

Una bomba de calor rinde mejor cuanto más baja es la temperatura del agua que tiene que producir. Y un radiador entrega menos calor cuanto más fría va el agua. El punto de encuentro entre esas dos cosas es todo el asunto, y está explicado con las cifras de emisión en temperatura del agua en aerotermia con radiadores.

Lo específico de una vivienda antigua es de dónde sale el margen. Tus radiadores se calcularon para la casa que era, no para la que es hoy. Si se dimensionaron cuando no había exigencia de aislamiento y desde entonces se han cambiado las ventanas, se ha rehabilitado la fachada o se ha cerrado la terraza, la demanda de esas habitaciones ha bajado y los radiadores siguen siendo los mismos. Ese desfase es exactamente el margen que permite bajar la temperatura del agua sin perder confort.

También puede ocurrir lo contrario: que la casa no se haya tocado nunca y el radiador estuviera justo desde el principio. Por eso esto se calcula estancia por estancia y con el catálogo del fabricante delante, y no se resuelve mirando el salón. Qué tiene que revisar el instalador, y los tres desenlaces posibles del estudio, están en ¿se puede poner aerotermia con los radiadores actuales?.

Dos apuntes que solo salen en casas antiguas:

  • El hierro fundido no es un problema, es inercia. Un radiador de hierro fundido tarda más en calentarse y más en enfriarse, y contiene bastante más agua que uno de aluminio. Eso juega a favor de una bomba de calor, que trabaja en marchas largas y suaves y necesita un volumen mínimo de agua en el circuito para no arrancar y parar sin parar: es el mismo asunto que decide si hace falta un depósito de inercia.
  • Los radiadores tapados no cuentan. Un cajón de obra, una tapa decorativa o un mueble delante reducen lo que ese radiador entrega, y en un cálculo ajustado eso se nota. Es de las pocas cosas de esta lista que se arreglan el mismo día.

3. El circuito ya está puesto: lo que importa es lo que lleva dentro

Esta es la comprobación que más averías evita y la que menos aparece en los presupuestos.

En una vivienda antigua las tuberías de calefacción llevan décadas con la misma agua dentro. Lo que se acumula ahí —óxido, restos de la propia instalación, lo que arrastran los radiadores— acaba en el punto más estrecho del sistema nuevo, que es el intercambiador de la bomba de calor. Una caldera tolera bastante de eso; un intercambiador de placas, mucho menos.

El Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, el RITE, lo trata dentro del montaje y es concreto. Su IT 2.2.2.2, «Preparación y limpieza de redes de tuberías», dice en su apartado 1 que «antes de realizar la prueba de estanquidad y de efectuar el llenado definitivo, las redes de tuberías de agua deben ser limpiadas internamente para eliminar los residuos procedentes del montaje».

Y da un criterio medible, que es lo que conviene pedir por escrito. El apartado 6 dice:

En el caso de redes cerradas, destinadas a la circulación de fluidos con temperatura de funcionamiento menor que 100 °C, se medirá el pH del agua del circuito. Si el pH resultara menor que 7,5 se repetirá la operación de limpieza y enjuague tantas veces como sea necesario.

Un circuito de calefacción de una vivienda es exactamente eso: una red cerrada por debajo de 100 °C. Así que hay un número que se puede comprobar, y no depende de la buena voluntad de nadie.

Lo que tiene que aparecer en la propuesta, en dos líneas: que el circuito existente se limpia antes del llenado definitivo y que se mide el pH. Si además se instala un filtro o separador en el retorno hacia la máquina, mejor; eso ya es criterio del instalador, no exigencia del reglamento.

4. Si el edificio es anterior a 2002, el amianto se comprueba antes de tocar nada

Este punto asusta más de lo que debería, así que va con su contexto: no es que tu casa tenga amianto, es que hay que mirarlo antes de desmontar nada, y quien lo mira y lo retira es alguien con una habilitación concreta.

La fecha de referencia es firme. La Orden de 7 de diciembre de 2001, que modificó el anexo I del Real Decreto 1406/1989, prohibió «la comercialización y la utilización» del crisotilo —la variedad de amianto que se siguió usando hasta el final— «y de los productos que contengan esta fibra añadida intencionadamente». Entró en vigor a los seis meses de su publicación: el 14 de junio de 2002. Desde esa fecha no se instaló; antes de esa fecha, pudo instalarse.

En una vivienda antigua de Madrid, los sitios donde aparece están casi siempre en el recorrido de esta obra: el aislamiento de tuberías y de la propia caldera en un cuarto técnico, juntas y cordones de sellado en la sala de calderas de un edificio, o una chimenea de fibrocemento. No es una lista que tengas que revisar tú, pero sí saber que existe.

Lo que la norma exige, y que sirve para preguntar bien:

  • La empresa tiene que estar inscrita en un registro específico. El artículo 17 del Real Decreto 396/2006, de 31 de marzo, obliga a que «todas las empresas que vayan a realizar actividades u operaciones incluidas en el ámbito de aplicación de este real decreto» se inscriban en el Registro de empresas con riesgo por amianto, el RERA, ante la autoridad laboral de su territorio.
  • Hay un plan de trabajo y lo aprueba la administración. El artículo 11 obliga a elaborarlo «antes del comienzo de cada trabajo con riesgo de exposición al amianto», y el artículo 12 dice que ese plan «se presentará para su aprobación ante la autoridad laboral correspondiente al lugar de trabajo».
  • El ámbito incluye lo que aquí nos ocupa. El artículo 3 lo aplica expresamente a los «trabajos y operaciones destinadas a la retirada de amianto, o de materiales que lo contengan, de equipos, unidades, instalaciones, estructuras o edificios».

La pregunta para la visita, entonces, es una y es sencilla: ¿hay algo en la sala de calderas o en el aislamiento de las tuberías que haya que identificar antes de desmontar? Si la respuesta es que sí, eso tiene su propio calendario y su propia empresa, y se ve por escrito antes de firmar nada: no es un trabajo que se dé por supuesto ni en un sentido ni en el otro.

5. La instalación eléctrica tiene la edad de la casa

En una vivienda antigua la sorpresa no suele estar en el contador, está en lo que hay detrás.

El Reglamento electrotécnico para baja tensión clasifica las viviendas en dos grados de electrificación, básica y elevada. Su ITC-BT-25 enumera cuándo corresponde el grado elevado, y en esa lista están dos supuestos que describen lo que vas a instalar: «si está prevista la instalación de aire acondicionado» y «si está prevista la instalación de calefacción eléctrica», según la guía técnica de aplicación de esa instrucción publicada por el Ministerio de Industria. Una vivienda de los años sesenta o setenta se proyectó con una previsión bastante más modesta que esa.

Esto no convierte tu instalación en ilegal: el reglamento se aplica a lo nuevo y a lo que se modifica, no de forma retroactiva a lo que ya está. Lo que significa es que la parte eléctrica de este proyecto es un capítulo propio y no una línea al final del presupuesto. Lo que se mira es el estado del cuadro, si hay sitio para los circuitos que se añaden, la sección de la línea que alimenta la máquina y si la potencia contratada da para el arranque en la peor hora del invierno.

Cuánta potencia hace falta y por qué no se deduce de los kilovatios térmicos del equipo está en potencia eléctrica necesaria para aerotermia. Lo que hay que sacar de la visita en una casa antigua es más simple: que alguien ha abierto el cuadro y lo ha mirado, y que si hay que tocarlo figura en la propuesta con nombre y apellidos.

6. Si tu edificio está catalogado, la fachada no la decides tú

Esta es la comprobación que solo existe en el casco antiguo y la que más calendario mueve cuando aparece tarde.

Madrid tiene un Catálogo de Elementos Protegidos dentro del Plan General de Ordenación Urbana de 1997. Es, en palabras del propio Ayuntamiento, «un documento que consta de catálogo, planos y fichas individuales que detallan las condiciones de protección de cada uno de los elementos estudiados», y asigna a cada edificio un nivel y un grado de protección —integral, estructural, parcial o ambiental—.

Lo bueno es que se puede consultar antes de que venga nadie. El Geoportal del Ayuntamiento de Madrid publica el plano del Catálogo de Edificios Protegidos, un servicio de mapas donde se señala «la situación, nivel, grado de protección y números de catálogo de cada edificio protegido». Mira tu portal ahí antes de decidir dónde va la máquina: es gratis y tarda dos minutos.

Y por encima del catálogo hay una regla que se aplica a cualquier fachada de la ciudad. El artículo 6.10.8 de las Normas Urbanísticas del Plan General establece que ninguna instalación podrá sobresalir más de treinta centímetros del plano de fachada. Las opciones que quedan cuando la fachada está descartada —el patio, la cubierta, el retranqueo— y cómo se justifica cada una están en dónde colocar la unidad exterior de aerotermia, y lo que pide la comunidad de propietarios, en aerotermia en un piso: viabilidad y permisos en Madrid.

Si tu vivienda no está en la capital, el trámite lo fija tu Ayuntamiento y cambia de un municipio a otro. Tenemos fichas con la norma concreta de aquellos donde ya hemos leído el impreso y el planeamiento: Aranjuez, Getafe y Torrejón de Ardoz.

Lo que hay que documentar antes de que entre nadie a trabajar

Una casa antigua tiene una ventaja que no tiene una nueva, y se aprovecha solo si se sabe a tiempo.

Sustituir una caldera de combustión por una bomba de calor puede generar certificados de ahorro energético, los CAE, y el expediente que los sostiene se construye con la caldera todavía montada y funcionando. Las fotografías del equipo en su sitio, los papeles que prueban que existía, la clasificación energética de partida: todo eso deja de poder hacerse el día que empieza el desmontaje.

Cuanto más antigua es la instalación que se retira, más peso suele tener ese expediente y más fácil es quedarse sin él por hacer las cosas en el orden equivocado. Qué fotografiar y qué guardar está en qué documentar antes de retirar la caldera, y qué ocurre el día del desmontaje, en qué ocurre con tu caldera actual.

Conviene saber además que cambiar el generador convierte tu instalación térmica en una reforma a efectos del RITE, con documentación técnica previa y registro del certificado ante la Comunidad de Madrid antes de ponerla en servicio. El calendario completo está en legalización de aerotermia en Madrid.

La lista, para llevártela a la visita

Ocho líneas que puedes copiar y tener delante cuando venga el técnico:

  1. Año del edificio y si la fachada, la cubierta o las ventanas se han tocado desde entonces.
  2. Qué hay encima y debajo de tu vivienda.
  3. Radiadores estancia por estancia: modelo, número de elementos y si alguno está tapado.
  4. Cómo se limpia el circuito existente antes del llenado y si se mide el pH.
  5. Si hay que identificar amianto en la sala de calderas o en el aislamiento de las tuberías.
  6. Estado del cuadro eléctrico, sitio para los circuitos nuevos y potencia contratada.
  7. Nivel de protección del edificio en el Catálogo, y dónde puede ir la máquina con eso encima de la mesa.
  8. Qué se fotografía y se guarda antes de desmontar nada.

Si de la visita sale una propuesta que contesta las ocho, tienes un proyecto. Si contesta tres y las otras cinco quedan en «ya se verá», tienes un precio.

Nosotros hacemos ese recorrido en la visita, y en una vivienda antigua es donde más se nota: puedes ver cómo planteamos el trabajo en aerotermia para tu vivienda en Madrid o contarnos cómo es tu casa y lo vemos sin compromiso. Si quieres llegar con los deberes hechos, en cómo preparar la visita técnica está lo que conviene tener localizado ese día.

Fuentes consultadas

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